Parque Nacional Wood Buffalo en Canadá

¡Buenos días a todos! Además este miércoles tenemos el placer de hospedar en nuestras páginas Daniele, ¿te acuerdas de nuestro experto en Tanzania? El destino de hoy, aunque como siempre en contacto con la naturaleza, es completamente diferente y habla de un lugar en algún lugar de América. Por supuesto, en línea con el estilo de Daniele, las fotografías tienen el gran mérito de catapultarnos allí.
En 2010, con Cecilia y otros 4 amigos, visité el oeste de Canadá. Durante la preparación del viaje, que comenzó varios meses antes, en el mapa noté inmediatamente una gran mancha verde allá arriba en la frontera entre Alberta y los Territorios del Noroeste (así es, solo los de Risiko): el Parque Nacional Wood Buffalo.

Empecé a investigar en Internet y fue amor a primera vista: TENÍA que ir allí. Así que me quedé atascado, luché un poco para convencer a mis compañeros (teníamos un viaje de 3500 km ida y vuelta, para hacer en coche por caminos rectos en medio de una pradera sin fin), pero al final ‘lo hice’.

Ninguno de nosotros se arrepintió, fue una experiencia de contacto con la naturaleza que yo definiría como total, si no trivial.

El punto de partida para el interior del parque es Fort Smith, un pueblo de 2500 habitantes lejos de todo, pero donde todo el mundo es amable contigo, ¡un extranjero que incluso viene de Europa!

Hay dos tipos de alojamiento en el parque: tu carpa o el Retiro de Kettle Point. Dadas las latitudes optamos por la segunda solución. Es un edificio octogonal de 60 km de camino de tierra de la civilización, a orillas del Pine Lake.

Estás allí, rodeado por el bosque boreal, rodeado de animales de todo tipo, incluidos lobos, osos negros y bisontes (los «búfalos» que dan nombre al parque).

Para cocinar hay que cortar leña con un hacha y el baño es una letrina fuera del refugio. ¿Incómodo? Todo lo contrario: un sueño para mí que me encanta sentirme perdido y a merced de una naturaleza que en la vida cotidiana percibimos en cambio como bajo nuestro control.

Aparte de algunas precauciones que se deben tomar para evitar encuentros desagradables con osos hambrientos, y la posibilidad real de encontrarse con aguaceros, fueron 3 días maravillosos. No tiene precio lavarse en el lago (no hay agua corriente) o asar las salchichas en la barbacoa con la leña que hayas obtenido. O tomar una cerveza al atardecer, sentado en la orilla del lago, escuchando a los lobos llamándose unos a otros en la distancia. Y sabiendo que eres el único ser humano (aparte de tus compañeros de viaje) en un radio de 60km.

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