Una madre que viaja sola cuando todo ya no es igual

Escribo este post sentado con las piernas cruzadas en el pasillo de un vuelo a Guadalupe que tardó cuatro horas en separarse de suelo francés, gracias a dos fallos técnicos y a una pareja que decidió bajarse del avión, un avión que tomará otros ocho. horas para llegar a destino.

Y mientras espero que alguna anfitriona de turno me diga que me levante, fingiendo no oler el hedor a orina que sale del baño, te escribo.

Me di cuenta de que no he hablado contigo en mucho tiempo sobre cómo van las cosas. la vida de dos viajeros con un niño pequeño dos años a cuestas. Porque la columna que viaja con Manina fue concebida no tanto para contarte qué hacer en el lugar «xy « con los pequeñitos pero nace para hablarte de como dos vagabundos se han enfrentado y siguen afrontando viajes con su hijo.

Hoy, mientras espero para irme, me gustaría hablaros de cómo, ahora que está aquí, viajando solo puede que no sea como antes.
Estoy sentado aquí en este vuelo que me llevará al Caribe y no hago más que pensar Los dos. A cuánta felicidad han traído Luca y Manina a mi vida. La primera vez que escuché la frase «La felicidad solo es real cuando se comparte«Estaba viendo la gran película» Into the Wild «.

Y no lo entendí. Pero ahora entiendo esas palabras.

Estoy aquí en este vuelo que me llevará a Guadalupe y No puedo evitar pensar en él, en sus ojos vivaces, en la forma en que me mira y me sonríe cuando sabe que ha cruzado la línea.

Pienso en cómo sabe devolverme la sonrisa con solo un abrazo o en cómo mi corazón estalla de alegría ahora que ha empezado a llamarme «.mamá«.

mamá viajera

Ser una mamá que viaja (incluso sola)

Cuando me enteré de que estaba embarazada, el mundo se me vino abajo. Solo estaba pensando en lo que perdería. Pensé que estaba perdiendo la oportunidad de viajar, perdiendo mi independencia.

No sucedió.

Probablemente porque Tengo un hombre a mi lado que no renuncia a su rol de padre, que me apoya y anima a seguir cultivando mis pasiones y mi trabajo.

El caso es que ahora en este vuelo que me lleva al otro lado del océano Siento que puedo agradecerte. Porque en cuanto supe que iba a tener un bebé pensé que iba a perder algo.

Y en cambio He ganado mil mil veces más.

Estoy tan feliz con ese bebé que mi corazón estalla de alegría. Es el valor agregado al que nunca renunciaría. Es la guinda del pastel, nieve en Navidad, un cálido edredón cuando hace truenos afuera. Es mío, aunque no será para siempre. Es la felicidad que tanto tiempo he buscado y que hoy no cambiaría ni por el viaje más bonito.

Nunca lo hubiera imaginado, creía que el amor de una madre nacía con su hijo y en cambio el amor por Manina crece cada día más. Cuanto más lo conozco, más lo amo. Cuanto más crece, más me encanta.

Por qué te enamoras lentamente incluso de tu hijo y luego viajar solo ya no es lo mismo.

Ps está claro que con este post no quiero decirte que dejo de viajar solo. Solo quiero decir que el camino de la felicidad hace curvas extrañas, que no siempre entendemos en este momento, pero a las que decir que si es un acto de coraje y la suerte, ya sabes, ayuda a los valientes.

pps la azafata me hizo levantarme, vuelvo a sentarme en mi asiento.

Usted también podría estar interesado en:

Mamá viajando sin hijos, mi experiencia

Deja un comentario